Don Quijote de la Mancha Cap. 4
May 30, 2008
De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta
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La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas, viniéndole a la memoria los consejos de su huésped cerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería. Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual, casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo.
No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo:
–Gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos. Estas voces, sin duda, son de algún menesteroso o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda.
Y, volviendo las riendas, encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían. Y, a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba; y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo. Porque decía:
–La lengua queda y los ojos listos.
Y el muchacho respondía:
–No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez; y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato.
Y, viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:
–Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza –que también tenía una lanza arrimada a la encima adonde estaba arrendada la yegua–, que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.
El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas blandiendo la lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió:
–Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado, que cada día me falta una; y, porque castigo su descuido, o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagalle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente.
–¿”Miente”, delante de mí, ruin villano? –dijo don Quijote–. Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza. Pagadle luego sin más réplica; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto. Desatadlo luego.
El labrador bajó la cabeza y, sin responder palabra, desató a su criado, al cual preguntó don Quijote que cuánto le debía su amo. Él dijo que nueve meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta don Quijote y halló que montaban setenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los desembolsase, si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano que para el paso en que estaba y juramento que había hecho –y aún no había jurado nada–, que no eran tantos, porque se le habían de descontar y recebir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado y un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo.
–Bien está todo eso –replicó don Quijote–, pero quédense los zapatos y las sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado; que si él rompió el cuero de los zapatos que vos pagastes, vos le habéis rompido el de su cuerpo; y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis sacado; ansí que, por esta parte, no os debe nada.
–El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro.
–¿Irme yo con él? –dijo el muchacho–. Mas, ¡mal año! No, señor, ni por pienso; porque, en viéndose solo, me desuelle como a un San Bartolomé.
–No hará tal –replicó don Quijote–: basta que yo se lo mande para que me tenga respeto; y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha recebido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga.
–Mire vuestra merced, señor, lo que dice –dijo el muchacho–, que este mi amo no es caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar.
–Importa eso poco –respondió don Quijote–, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras.
–Así es verdad –dijo Andrés–; pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo?
–No niego, hermano Andrés –respondió el labrador–; y hacedme placer de veniros conmigo, que yo juro por todas las órdenes que de caballerías hay en el mundo de pagaros, como tengo dicho, un real sobre otro, y aun sahumados.
–Del sahumerio os hago gracia –dijo don Quijote–; dádselos en reales, que con eso me contento; y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado; si no, por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que os tengo de hallar, aunque os escondáis más que una lagartija. Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones; y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
Y, en diciendo esto, picó a su Rocinante, y en breve espacio se apartó dellos. Siguióle el labrador con los ojos, y, cuando vio que había traspuesto del bosque y que ya no parecía, volvióse a su criado Andrés y díjole:
–Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel deshacedor de agravios me dejó mandado.
–Eso juro yo –dijo Andrés–; y ¡cómo que andará vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel buen caballero, que mil años viva; que, según es de valeroso y de buen juez, vive Roque, que si no me paga, que vuelva y ejecute lo que dijo!
–También lo juro yo –dijo el labrador–; pero, por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda por acrecentar la paga.
Y, asiéndole del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por muerto.
–Llamad, señor Andrés, ahora –decía el labrador– al desfacedor de agravios, veréis cómo no desface aquéste; aunque creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades.
Pero, al fin, le desató y le dio licencia que fuese a buscar su juez, para que ejecutase la pronunciada sentencia. Andrés se partió algo mohíno, jurando de ir a buscar al valeroso don Quijote de la Mancha y contalle punto por punto lo que había pasado, y que se lo había de pagar con las setenas. Pero, con todo esto, él se partió llorando y su amo se quedó riendo.
Y desta manera deshizo el agravio el valeroso don Quijote; el cual, contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías, con gran satisfación de sí mismo iba caminando hacia su aldea, diciendo a media voz:
–Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería, y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad: hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel delicado infante.
En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucejadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y, por imitarlos, estuvo un rato quedo; y, al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza.
Y, habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. Apenas los divisó don Quijote, cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura; y, por imitar en todo cuanto a él le parecía posible los pasos que había leído en sus libros, le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer. Y así, con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y, puesto en la mitad del camino, estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen, que ya él por tales los tenía y juzgaba; y, cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír, levantó don Quijote la voz, y con ademán arrogante dijo:
–Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
Paráronse los mercaderes al son destas razones, y a ver la estraña figura del que las decía; y, por la figura y por las razones, luego echaron de ver la locura de su dueño; mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto, le dijo:
–Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que decís; mostrádnosla: que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.
–Si os la mostrara –replicó don Quijote–, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia. Que, ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo.
–Señor caballero –replicó el mercader–, suplico a vuestra merced, en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos, que, porque no encarguemos nuestras conciencias confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y Estremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo; que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere.
–No le mana, canalla infame –respondió don Quijote, encendido en cólera–; no le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora.
Y, en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo que, si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo; y, queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas. Y, entretanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo:
–¡Non fuyáis, gente cobarde; gente cautiva, atended!; que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido.
Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y, llegándose a él, tomó la lanza, y, después de haberla hecho pedazos, con uno dellos comenzó a dar a nuestro don Quijote tantos palos que, a despecho y pesar de sus armas, le molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le dejase, pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y, acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre él vía, no cerraba la boca, amenazando al cielo y a la tierra, y a los malandrines, que tal le parecían.
Cansóse el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando qué contar en todo él del pobre apaleado. El cual, después que se vio solo, tornó a probar si podía levantarse; pero si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, ¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aún se tenía por dichoso, pareciéndole que aquélla era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo, y no era posible levantarse, según tenía brumado todo el cuerpo.
El Soldadito de Plomo
May 29, 2008
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En Resumen…
Había una vez 25 soldados de plomo, todos ellos hermanos, pues habían salido todos de la misma vieja cuchara. Cada uno de ellos cargaba con su fusil, mirando al frente y vistiendo su uniforme azul y rojo. Las primeras palabras que oyeron en su nuevo mundo fueron las de un niño: “¡Soldados, soldados!”.El pequeño estaba festejando su regalo de cumpleaños. Todos los soldados eran exactamente iguales, a excepción de uno que tenía solo una pierna, ya que el plomo se había acabado antes de que hubieran terminado de darle forma. Pese a todo, el soldadito se mantenía de pie tan bien que el niño decidió conservarlo.
Sobre la mesa había muchos otros juguetes, pero lo que más llamaba la atención era un encantador castillo de papel. Era todo muy lindo, y, sin duda, lo más hermoso era la niña que estaba a las puertas del castillo. Era también de papel, pero tenía un vestido de gasa muy fino, y lentejuelas muy brillantes.La joven tenía ambos brazos extendidos, era una bailarina. Y su paso se alzaba tan alto en el aire, que el soldadito pensó que a ella también le faltaba una pierna. “Sería la esposa más indicada para mí,” pensó, “pero vive en un palacio”.
Y decidió ocultar su amor y pasar el resto de su vida mirando a la bailarina. Todas las noches, cuando la gente de la casa se retiraba a dormir, llegaba la hora en que los juguetes se ponían a jugar y divertirse visitándose unos a otros, librando batallas o dando bailes.Los soldados de plomo se aburrían en su caja, pero habían sido entrenados para tener disciplina y educación.
10 puntos claves para levantar Capital de Fondos
May 29, 2008
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Consejos para que levantar fondos no sea un dolor de cabeza.
1. Buscar fondos locales con presencia local real que tengan un conocimiento profundo de la industria específica.
2. Ten un buen abogado para que te asesore con los closing documents.
3. No generes falsas expectativas al fondo.
4. Identifica los factores claves que afectan las valuaciones de tu empresa
5. Debes estar dispuesto a cambiar tu modelo de negocio, a ceder control o eventualmente dejar de administrar el negocio.
6. Busca casos de empresas a las que le haya invertido el fondo y trata de entender qué fue lo que funcionó y lo que no.
7. Trata de hablar con otros emprendedores y gerentes de las empresas en las que el fondo con el que estas trabajando ha invertido.
8. Busca si hay facilidad de trabajar con los responsables del fondo.
9. Las malas noticias a buen tiempo no son tan malas: comunica tus problemas a fondo.
10. Ten mucha paciencia pues la industria de Private Equity en México apenas comienza
Don Quijote de la Mancha Cap. 3
May 29, 2008
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Y así, fatigado deste pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena; la cual acabada, llamó al ventero, y, encerrándose con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole:
–No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano.
El ventero, que vio a su huésped a sus pies y oyó semejantes razones, estaba confuso mirándole, sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con él que se levantase, y jamás quiso, hasta que le hubo de decir que él le otorgaba el don que le pedía.
–No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío –respondió don Quijote–; y así, os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana en aquel día me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado.
El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué reír aquella noche, determinó de seguirle el humor; y así, le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes, en pago de su buen deseo.
Díjole también que en aquel su castillo no había capilla alguna donde poder velar las armas, porque estaba derribada para hacerla de nuevo; pero que, en caso de necesidad, él sabía que se podían velar dondequiera, y que aquella noche las podría velar en un patio del castillo; que a la mañana, siendo Dios servido, se harían las debidas ceremonias, de manera que él quedase armado caballero, y tan caballero que no pudiese ser más en el mundo.
Preguntóle si traía dineros; respondió don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba; que, puesto caso que en las historias no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trujeron; y así, tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles; y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de ungüentos para curar las heridas que recebían, porque no todas veces en los campos y desiertos donde se combatían y salían heridos había quien los curase, si ya no era que tenían algún sabio encantador por amigo, que luego los socorría, trayendo por el aire, en alguna nube, alguna doncella o enano con alguna redoma de agua de tal virtud que, en gustando alguna gota della, luego al punto quedaban sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno hubi[e]sen tenido. Mas que, en tanto que esto no hubiese, tuvieron los pasados caballeros por cosa acertada que sus escuderos fuesen proveídos de dineros y de otras cosas necesarias, como eran hilas y ungüentos para curarse; y, cuando sucedía que los tales caballeros no tenían escuderos, que eran pocas y raras veces, ellos mesmos lo llevaban todo en unas alforjas muy sutiles, que casi no se parecían, a las ancas del caballo, como que era otra cosa de más importancia; porque, no siendo por ocasión semejante, esto de llevar alforjas no fue muy admitido entre los caballeros andantes; y por esto le daba por consejo, pues aún se lo podía mandar como a su ahijado, que tan presto lo había de ser, que no caminase de allí adelante sin dineros y sin las prevenciones referidas, y que vería cuán bien se hallaba con ellas cuando menos se pensase.
Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda puntualidad; y así, se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba; y, recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba, y, embrazando su adarga, asió de su lanza y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche.
Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su huésped, la vela de las armas y la armazón de caballería que esperaba. Admiráronse de tan estraño género de locura y fuéronselo a mirar desde lejos, y vieron que, con sosegado ademán, unas veces se paseaba; otras, arrimado a su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos. Antojósele en esto a uno de los arrieros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue menester quitar las armas de don Quijote, que estaban sobre la pila; el cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo:
–¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada!, mira lo que haces y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevi[mi]ento.
No se curó el arriero destas razones (y fuera mejor que se curara, porque fuera curarse en salud); antes, trabando de las correas, las arrojó gran trecho de sí. Lo cual visto por don Quijote, alzó los ojos al cielo, y, puesto el pensamiento –a lo que pareció– en su señora Dulcinea, dijo:
–Acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo.
Y, diciendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alzó la lanza a dos manos y dio con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, que le derribó en el suelo, tan maltrecho que, si segundara con otro, no tuviera necesidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogió sus armas y tornó a pasearse con el mismo reposo que primero. Desde allí a poco, sin saberse lo que había pasado (porque aún estaba aturdido el arriero), llegó otro con la mesma intención de dar agua a sus mulos; y, llegando a quitar las armas para desembarazar la pila, sin hablar don Quijote palabra y sin pedir favor a nadie, soltó otra vez la adarga y alzó otra vez la lanza, y, sin hacerla pedazos, hizo más de tres la cabeza del segundo arriero, porque se la abrió por cuatro. Al ruido acudió toda la gente de la venta, y entre ellos el ventero. Viendo esto don Quijote, embrazó su adarga, y, puesta mano a su espada, dijo:
–¡Oh señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo.
Con esto cobró, a su parecer, tanto ánimo, que si le acometieran todos los arrieros del mundo, no volviera el pie atrás. Los compañeros de los heridos, que tales los vieron, comenzaron desde lejos a llover piedras sobre don Quijote, el cual, lo mejor que podía, se reparaba con su adarga, y no se osaba apartar de la pila por no desamparar las armas. El ventero daba voces que le dejasen, porque ya les había dicho como era loco, y que por loco se libraría, aunque los matase a todos. También don Quijote las daba, mayores, llamándolos de alevosos y traidores, y que el señor del castillo era un follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentía que se tratasen los andantes caballeros; y que si él hubiera recebido la orden de caballería, que él le diera a entender su alevosía:
–Pero de vosotros, soez y baja canalla, no hago caso alguno: tirad, llegad, venid y ofendedme en cuanto pudiéredes, que vosotros veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía.
Decía esto con tanto brío y denuedo, que infundió un terrible temor en los que le acometían; y, así por esto como por las persuasiones del ventero, le dejaron de tirar, y él dejó retirar a los heridos y tornó a la vela de sus armas con la misma quietud y sosiego que primero.
No le parecieron bien al ventero las burlas de su huésped, y determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese. Y así, llegándose a él, se desculpó de la insolencia que aquella gente baja con él había usado, sin que él supiese cosa alguna; pero que bien castigados quedaban de su atrevimiento. Díjole como ya le había dicho que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba de hacer tampoco era necesaria; que todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo, según él tenía noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer, y que ya había cumplido con lo que tocaba al velar de las armas, que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más, que él había estado más de cuatro. Todo se lo creyó don Quijote, [y dijo] que él estaba allí pronto para obedecerle, y que con-cluyese con la mayor brevedad que pudiese; porque si fuese otra vez acometido y se viese armado caballero, no pensaba dejar persona viva en el castillo, eceto aquellas que él le mandase, a quien por su respeto dejaría.
Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino adonde don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas; y, leyendo en su manual, como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda alzó la mano y diole sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su mesma espada, un gentil espaldazaro, siempre murmurando entre dientes, como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. Al ceñirle la espada, dijo la buena señora:
–Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides.
Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quién quedaba obligado por la merced recebida; porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa, y que era hija de un remendón natural de Toledo que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya, y que dondequiera que ella estuviese le serviría y le tendría por señor. Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió, y la otra le calzó la espuela, con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de la espada: preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera, y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.
Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no vio la hora don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras; y, ensillando luego a Rocinante, subió en él, y, abrazando a su huésped, le dijo cosas tan estrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado caballero, que no es posible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retóricas, aunque con más breves palabras, respondió a las suyas, y, sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buen hora.
El perfil del inversionista.
May 29, 2008
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No todos pueden ser inversionistas ángeles, éstos son mucho más activos que otros
Los inversionistas ángeles realizan inversiones en empresas nuevas que demuestran tener alto potencial de rendimiento. Un ejemplo muy conocido de inversionista ángel es Paul Allen, co-fundador de Microsoft.
No cualquier persona es un inversionista ángel. En los siguientes párrafos conocerás cual es el perfil típico de un inversionista, en caso de que los estés buscando o quizá en caso de que quieras convertirte en uno.
El perfil de un inversionista ángel. No todas las personas pueden ser inversionistas ángeles. Un inversionista ángel es activo, a diferencia de pasivo. El inversionista pasivo es aquel que por ejemplo compra acciones en la Bolsa de Telmex, y no participa activamente en las decisiones de la empresa. Por el contrario, un inversionista activo ocupa una postura de dirección o consejero de la empresa y toma decisiones o las impulsa. Estas son las características más importantes que debe tener un inversionista ángel:
1. Dinero: Generalmente un inversionista ángel debe estar dispuesto a invertir entre el 5 y 10% de su portafolio total de activos en empresas jóvenes. Por ejemplo, un inversionista cuenta con un patrimonio superior a los $20 millones de pesos, de los cuales el 30% están invertidos en bienes raíces (casa, departamentos, casas de campo, etc), 40% en alguna empresa de su propiedad, con acciones mayoritarias o minoritarias, y el resto en inversiones de mercado (deuda, capitales, divisas, derivados) Para ser un inversionista ángel, es necesario estar dispuesto a liquidar algunos de los activos actuales, por ejemplo algún bien raíz o parte de la empresa privada, para invertir entre $1 y $2 millones en empresas jóvenes.
2. Habilidades y experiencia: El dinero no lo es todo, y no es lo más importante. La aportación más importante que puede hacer un inversionista ángel es su experiencia de negocios. Es necesario que el inversionista ángel tenga suficiente experiencia en finanzas, administración, negociaciones, ventas, contratos, etc. Si el inversionista no cuenta con esta experiencia, es necesario que pueda aportarla por medio de terceros, por ejemplo, cu propio contador, abogado, etc. Además, el inversionista ángel debe tener contactos importantes en el sector industrial en el que planea invertir, ya que estos contactos pueden ser la diferencia entre una empresa exitosa y un fracaso.
3. Tiempo: Para realizar una inversión exitosa, es necesario que el inversionista ángel y/o terceros que trabajan con el puedan dedicar a la empresa en la que invierten al menos 10 horas a la semana.
4. Abogados: La estructuración de una compra de acciones de una empresa joven es un trabajo difícil. Los términos del contrato, los derechos que se adquieren de voz y voto, la aportación en efectivo, en especie, la valuación, y muchos otros factores son propios de la labor de un abogado con amplia experiencia. Las empresas jóvenes carecen en su mayoría de los servicios profesionales de un abogado, por lo que es convencional que el abogado del inversionista se convierta en el abogado de la transacción y de la empresa joven. En esto es muy importante que el abogado tome una actitud amigable con los emprendedores, ya que se busca el beneficio de todos.
5. Paciencia: El rendimiento que se puede obtener al invertir en una empresa joven no se verá en el corto plazo. Primero la empresa tiene que crecer, generar utilidades, flujos de efectivo positivos, y después se tiene que buscar una salida a través de la venta de las acciones de la empresa, lo cual puede llevar en promedio de 3 a 5 años.
6. Tolerancia: Las inversiones en empresas jóvenes son volátiles. Habrá meses buenos y meses malos. La tolerancia implica que el inversionista puede “aguantar” los malos momentos de la empresa, que con paciencia, experiencia y recursos los podrá solucionar.
7. Motivación: Para que la inversión funcione, es necesario que el inversionista esté motivado para trabajar de manera continua en y con la empresa. Nunca funcionará una inversión en la que el inversionista ángel pierda interés o motivación en ella.
Don Quijote de la Mancha Cap. 2
May 29, 2008
Capítulo II. Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote
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Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que emendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza, y, por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo. Mas, apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no era armado caballero, y que, conforme a ley de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero; y, puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas, como novel caballero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase. Estos pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según él había leído en los libros que tal le tenían. En lo de las armas blancas, pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un armiño; y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras.
Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mesmo y diciendo:
–¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salidad tan de mañana, desta manera?: «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel».
Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
–Dichosa edad, y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia, ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras!
Luego volvía diciendo, como si verdaderamente fuera enamorado:
–¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón!, mucho agravio me habedes fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plégaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor padece.
Con éstos iba ensartando otros disparates, todos al modo de los que sus libros le habían enseñado, imitando en cuanto podía su lenguaje. Con esto, caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera.
Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese, de lo cual se desesperaba, porque quisiera topar luego luego con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo. Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento; pero, lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre; y que, mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella que, no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba. Diose priesa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecía.
Estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada; y, como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta, se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su puente levadiza y honda cava, con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan. Fuese llegando a la venta, que a él le parecía castillo, y a poco trecho della detuvo las riendas a Rocinante, esperando que algún enano se pusiese entre las almenas a dar señal con alguna trompeta de que llegaba caballero al castillo. Pero, como vio que se tardaban y que Rocinante se daba priesa por llegar a la caballeriza, se llegó a la puerta de la venta, y vio a las dos destraídas mozas que allí estaban, que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando. En esto, sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos –que, sin perdón, así se llaman– tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida; y así, con estraño contento, llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte, armado y con lanza y adarga, llenas de miedo, se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su huida su miedo, alzándose la visera de papelón y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada, les dijo:
–No fuyan las vuestras mercedes ni teman desaguisado alguno; ca a la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran.
Mirábanle las mozas, y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la mala visera le encubría; mas, como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa, y fue de manera que don Quijote vino a correrse y a decirles:
–Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa que de leve causa procede; pero no vos lo digo porque os acui-tedes ni mostredes mal talante; que el mío non es de ál que de serviros.
El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro caballero acrecentaba en ellas la risa y en él el enojo; y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete, no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento. Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos, determinó de hablarle comedidamente; y así, le dijo:
–Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho (porque en esta venta no hay ninguno), todo lo demás se hallará en ella en mucha abu[n]dancia.
Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:
–Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque
mis arreos son las armas,
mi descanso el pelear, etc.
Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz, y de los de la playa de Sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje; y así, le respondió:
–Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así, bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.
Y, diciendo esto, fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había desayunado.
Dijo luego al huésped que le tuviese mucho cuidado de su caballo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo. Miróle el ventero, y no le pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aun la mitad; y, acomodándole en la caballeriza, volvió a ver lo que su huésped mandaba, al cual estaban desarmando las doncellas, que ya se habían reconciliado con él; las cuales, aunque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron desencajarle la gola, ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada con unas cintas verdes, y era menester cortarlas, por no poderse quitar los ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera, y así, se quedó toda aquella noche con la celada puesta, que era la más graciosa y estraña figura que se pudiera pensar; y, al desarmarle, como él se imaginaba que aquellas traídas y llevadas que le desarmaban eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:
–Nunca fuera caballero
de damas tan bien servido
como fuera don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino,
o Rocinante, que éste es el nombre, señoras mías, de mi caballo, y don Quijote de la Mancha el mío; que, puesto que no quisiera descubrirme fasta que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro me descubrieran, la fuerza de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote ha sido causa que sepáis mi nombre antes de toda sazón; pero, tiempo vendrá en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca, y el valor de mi brazo descubra el deseo que tengo de serviros.
Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas, no respondían palabra; sólo le preguntaron si quería comer alguna cosa.
–Cualquiera yantaría yo –respondió don Quijote–, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso.
A dicha, acertó a ser viernes aquel día, y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucía bacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela. Preguntáronle si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que dalle a comer.
–Como haya muchas truchuelas –respondió don Quijote–, podrán servir de una trucha, porque eso se me da que me den ocho reales en sencillos que en una pieza de a ocho. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas.
Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el huésped una porción del mal remojado y peor cocido bacallao, y un pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera, no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía; y ansí, una de aquellas señoras servía deste menester. Mas, al darle de beber, no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y puesto el un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino; y todo esto lo recebía en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada.
Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos; y, así como llegó, sonó su silbato de cañas cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo, y que le servían con música, y que el abadejo eran truchas; el pan, candeal; y las rameras, damas; y el ventero, castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su determinación y salida. Mas lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin recebir la orden de caballería.
Don Quijote de la Mancha Cap. 1
May 29, 2008
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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordar-me, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: [...] los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar –que era hombre docto, graduado en Sigüenza–, sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.
En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asen-tósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.
En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba.
Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera que él quedó satisfecho de su fortaleza; y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.
Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque, según se decía él a sí mesmo, no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido, antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y [le] cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba. Y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante: nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.
Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde –como queda dicho– tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por Hepila famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.
Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era á[r]bol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él a [sí]:
–Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendido: ‘‘Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien ven-ció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vues-tra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante”? ¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.
El Principito MP3
May 29, 2008
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Sinopsis
El principito vive en el pequeño planeta, el asteroide B612, en el que hay tres volcanes (dos de ellos activos y uno no) y una rosa. Pasa sus días cuidando de su planeta, y quitando los árboles baobab que constantemente intentan echar raíces allí. De permitirles crecer, los árboles partirían su planeta en pedazos.
El principito abandona el planeta un día para conocer el resto del universo y visita otros planetas, cada uno de los cuales se encuentra habitado por un adulto que, a su manera, demuestra lo estúpidos que la mayoría de las personas se vuelven al hacerse “grandes”:
El rey, quien cree gobernar las estrellas porque les ordena hacer cosas que obviamente aún harían de cualquier manera. Representa la ambición política.
El vanidoso, quien desea que todos lo reconozcan como un hombre digno de admirarse. Representa la vanidad y el egoísmo del hombre.
El borracho, que bebe para olvidar que se avergüenza de beber. Representa la falta de fuerza de voluntad humana.
El hombre de negocios, quien se encuentra siempre ocupado contando las estrellas que piensa poseer. Planea utilizarlas para comprar más estrellas. Representa la avaricia y la ambición económica.
El farolero, que vive en un asteroide que rota una vez por minuto. Hace mucho tiempo le fue encargada la tarea de encender el farol de noche y apagarlo de día. Por aquel entonces, el asteroide rotaba a una velocidad razonable y tenía tiempo para descansar. Con el tiempo, la rotación se aceleró y, negándose a abandonar su trabajo, el farolero enciende y apaga el farol una vez por minuto, no pudiendo descansar nunca. Representa la lealtad y la responsabilidad, es el único personaje de alma positiva que conoce el principito en su viaje.
El geógrafo, que pasa todo su tiempo dibujando mapas, pero jamás deja su escritorio para explorar. Representa la pasión laboral.
Puramente por interés profesional, el geógrafo solicita al principito que describa su asteroide. El principito describe los volcanes y la rosa. El geógrafo rehusa incluir la rosa, argumentando que las flores son efímeras. El principito queda conmocionado y herido al saber que su rosa desaparecerá algún día. El geógrafo le recomienda visitar la Tierra porque tiene muy buena reputación.
Una vez en la Tierra, el principito encuentra toda una hilera de rosales y se deprime, porque pensaba que su rosa era única en todo el universo. Más tarde conoce y hace amistad con un zorro, que le explica al principito que su rosa es única y especial porque es la que él ama. En su despedida, el zorro le regala su secreto:
Las 6 Grandes tendencias de los negocios de hoy
May 29, 2008
Primero, el poder del vapor reemplazó la fuerza muscular y disparó la revolución industrial. Luego, la línea de producción de Henry Ford y los avances en el acero y los plásticos desencadenaron la segunda revolución industrial. Finalmente con la llegada de los semiconductores se consolidó la era de la información.
Cada etapa estuvo alimentada por un método de producción más rápido, más barato y más fácil de obtener que envió la eficiencia al siguiente nivel y transformó el mundo.
Ahora podemos contar con ejércitos de aficionados que están listos a trabajar sin cobrar un centavo.
Es la era de la producción por colaboración.
Desde Amazon hasta MySpace y Craiglist, las compañías más exitosas de la Web están construyendo sus modelos de negocios sobre la base de contenidos generados por los usuarios. Esta es seguramente la manifestación más dramática de la segunda generación de la Web. Las herramientas de producción, desde los blogs hasta el intercambio de videos, son completamente democráticas y están basadas en el tiempo libre, el talento y las capacidades de gente común que, al unirse, crean una fuerza de trabajo descentralizada de una escala sin precedentes.
La evidencia nos rodea completamente. Ya se han creado nuevos estándares a partir de sitios como Wikipedia o el sistema de intercambio de fotos de Flickr. Ya existen mundos virtuales creados completamente por los usuarios de Second Life. Y ya es enorme la audiencia que YouTube ha convocado con su tecnología a prueba de tontos para compartir videos.
También hay oro sólido en las huellas que todos dejamos en línea. Mucho del valor de Amazon y Netflix proviene de las opiniones y reseñas de sus millones de clientes. Nuestra trayectoria de clicks en Amazon es utilizada para crear mejores recomendaciones para los demás usuarios. Nuestras búsquedas en Google y las páginas que encontramos relevantes proporcionan una retroalimentación que afina los algoritmos de búsqueda. Los anuncios en los que hacemos clic no solamente le significan ingresos a Google, sino también determinan la tarifa que van a cobrar al siguiente anunciante. Todas estas compañías han encontrado formas de cultivar la sabiduría de las multitudes, extrayendo información que siempre estuvo allí, latente e ignorada.
Pero el milagro real está en el trabajo intencional que millones de nosotros hacemos para poblar la Web: 80 millones de páginas en MySpace, 40 millones de bloggers, cerca de un millón de enciclopedistas aficionados. El resultado es una cultura compartida de fanatismo, comentario y camaradería. Y agréguele a esto el software de código abierto, que ha alterado tanto los servidores corporativos (Linux) como los escritorios del consumidor raso (Firefox) y de paso le ha dado una nueva vida a IBM, una compañía que ahora florece construyendo software y servicios sobre códigos de programación producidos por el sistema de colaboración de colegas.
Las anteriores eras industriales se construyeron sobre la espalda de individuos también, pero en aquellos días el trabajo era solamente eso: trabajo. Los trabajadores se pagaban por su tiempo así fuera en la fábrica o en el cubículo. Hoy la máquina de producción colaborativa se mueve en una economía básicamente no monetaria. La moneda es la reputación, la autoexpresión, el reconocimiento o simplemente el capricho.
Esto puede sonar parecido a las utopías de los sesenta. Después de todo, el mismo Marx creía que el proletariado industrial se revelaría contra la burguesía y crearía un estado en donde los trabajadores serían los dueños de los medios de producción industrial. Es fácil ver un echo de todo eso en el triumfalismo de la llamada “blogosfera”.
Pero es un error igualar la producción colaborativa con el anticapitalismo. Aquí no estamos hablando de aficionados vs. profesionales, sino de cada uno beneficiándose del otro. Las empresas no están simplemente explotando el trabajo gratuito, también están creando las herramientas que le dan voz a millones. Pero esa multitud ruidosa no está reemplazando a la compañía, sino que está proporcionando la energía que impulsa un nuevo tipo de compañías. Aquellas que entienden que el talento existe fuera de Hollywood, que las credenciales importan menos que la pasión y que cada uno de nosotros tiene conocimientos que son valiosos para alguien, en alguna parte.
2. El Video Ilimitado
Con sólo mirar los numeros que les dieron, la gente de Yahoo Music se dio cuenta que algo tenían entre manos. En 2004 los visitantes descargaron 2.900 millones de videos musicales en el sitio Web. En 2005, cerca de 25 millones de visitantes únicos vieron 4.000 millones de clips de video. Pero fue solamente en 2006 que las grandes marcas de la industria de la música empezaron a tener en cuanta a Yahoo como una parte indispensable de su estrategia de mercadeo y que los ejecutivos de Yahoo se dieron cuenta que las pantallas de TV estaban siendo eclipsadas por los monitores de los computadores y los equipos portátiles.
Por ejemplo, Epic Records, había notado que los fanáticos ya no estaban satisfechos con los videos de MTV y VH1. Ellos estaban ansiosos de tener acceso a los videos musicales en todo tipo de pantallas: desde los computadores portátiles hasta los teléfonos portátiles y los iPods. Para alimentar esa demanda, Epic creó un video especial para fanáticos del éxito “Las caderas no mienten” de Shakira. El clip, que era exclusivo para Yahoo Music, se convirtió en el video más visto en el sitio Web durante tres semanas. Los usuarios de Verizon podían también ver el video original en sus teléfonos portátiles.
La conversación acerca de esta nueva tendencia de videos multi-pantalla puede sonar parecida a la que se escuchó a mediados de los noventas cuando se hablaba de la “convergencia”. La TV se convertiría en PC y la PC se convertiría en TV. Pero esta vez, los conocedores de la industria afirman que todas las piezas están alineadas. La demanda de contenido ha estimulado los esfuerzos de compañías como Yahoo y General Electric (dueña de NBC Universal) para desarrollar contenidos adecuados para toda clase de pantallas: capítulos originales de programas de televisión, episodios especialmente diseñados para la web de sus telenovelas, noticias instantáneas y segmentos deportivos. NBC Universal, ha publicado por ejemplo, episodios de The Office, Scrubs yLaw & Order en el almacen en línea de Apple: iTunes Music Store para ser descargados por los usuarios en sus iPods. El programa Saturday Night Live, también de NBC, produce cortos digitales que luego de salir en TV se publican en la Web, en donde se reproducen viralmente y toman vida propia.
A medida que las compañías productoras de contenido se despiertan, los fabricantes de hardware responden a la demanda de múltiples pantallas con ofertas de nuevos aparatos. El iPod de video de Apple y los teléfonos portátiles con video de Samsung son apenas el comienzo. Mientras tanto, Apple y Microsoft están actualizando sus sistemas operativos para que los usuarios puedan manipular el video digital sin mayores esfuerzos. La movida hacia el contenido en cualquier lugar y a cualquier hora también ha obligado a los autores a publicar sus creaciones en sitios de terceros como Yahoo (que ofrece clips de noticias y otros programas respaldados por anuncios publicitarios), Google (que ofrece descargas de video gratis o pagadas) y iTunes. De acuerdo con un estudio de Nielsen/NetRatings de marzo 2006, el sitio de videos de Microsoft, MSN Video, creció un 44 por ciento en el último año hasta alcanzar 9.3 millones de visitantes en el mes de febrero. Google Video, que recién fue inaugurado en junio, ya tenía 6.2 millones de usuarios y la búsqueda de videos en Yahoo había crecido 148 por ciento hasta alcanzar la cifra de 3.8 millones de visitantes.
A diferencia de los primeros días de las descargas de música en línea, ahora más contenido y más pantallas significa más ingresos. En una reciente reunión de accionistas, GE anunció que las ofertas de videos de NBC Universal ya habían generado $300 millones. Más impresionante todavía, dice Beth Comstock, la presidente de NBC Universal, se ha notado que los nuevos canales realmente están expandiendo y no canibalizando la audiencia de las cadenas. “Se está aumentando el tamaño de la torta”, afirma.
Claro que todavía no se han terminado de descifrar los últimos detalles de esta nueva audiencia de consumidores multi-pantalla, como el asunto de generar ingresos en forma consistente. “Se parece a los primeros días de Internet”, afirma Kieve Huffman, vicepresidente de contenidos en InfoSpace, quienes anunciaron su propia oferta de videos digitales para teléfonos celulares en el verano de 2006. “Nadie sabe con seguridad cuál es el modelo de negocio que va a funcionar”.
3. La personalización
“Llévela a su gusto”, prometía Burger King hace 32 años en sus Whoopers y marcaba la era de los productos fabricados a la medida de nuestros gustos personales. Hoy, Lands’ End nos permite crear un modelo virtual de nuestras medidas y nos entrega ropa que se ajusta perfectamente. Adidas ofrece zapatos personalizados para nuestros pies. El banco británico Abbey nos ofrece una tarjeta de crédito con nuestros propios dibujos impresos en ella.
Pero con todo esto, la personalización es más bien la excepción en el mundo de los productos reales. En cambio, se ha convertido en la regla en el mundo en línea. Amazon utiliza nuestra historia de compras y de páginas visitadas para crear una página web única con recomendaciones sintonizadas con nuestros gustos. Netflix utiliza nuestras alquileres previos para sugerirnos nuevas películas. Sitios como iTunes de Apple o Google Video, están trasladando a la radio y la televisión de la época de la emisión centralizada a la era de los medios individualizados.
Ahora la tendencia hacia los productos personalizados se está moviendo a una nueva arena: los farmacéuticos. Allen Roses, VP senior de genética en GlaxoSmithKline, llenó los titulares de los diarios en 2003 cuando dijo: “La vasta mayoría de drogas, más del 90 por ciento, solamente funcionan para el 30 al 50 porciento de las personas”. La mayoría de los observadores pensó que el estaba reconociendo una falla. En realidad, estaba identificando una gigantezca oportunidad: el uso de los perfiles genéticos para asegurar que los pacientes reciban tratamientos que realmente funcionen para ellos.
Prescribir medicamentos es principalmente un proceso de prueba y error. Los médicos seleccionan la medicina más promisoria para un paciente. Si no funciona, intentan una diferente. Pero los científicos están descubriendo que las enfermedades progresan en caminos fisiológicos diferentes para cada persona. A medida que se entienden mejor los genomas, los doctores podrán realizar pruebas de ADN para determinar el tratamiento para cada individuo. Genentech, Pfizer, Gen-PRobe, son algunos de los nombres de empresas que están marcando el camino.
El éxito más dramático hasta el momento lo tiene Herceptin, un tratamiento de cancer de seno desarrollado por Genentech. Los científicos de la compañía descubrieron que las células del seno de un cuarto de las pacientes de cancer contenían copias adicionales de un gene particular. Este gene ocasiona la producción de una proteína que obliga a la división de las células haciendo que este grupo de pacientes sea susceptible de desarrollar tumores de rápido crecimiento. Genentech creó una droga para suprimir dicha proteína, y en pruebas posteriores descubrió que Herceptin era más efectivo que la quimioterapia en las mujeres que tenían dicha anormalidad genética.
Los pacientes no son los únicos que se benefician de este enfoque personalizado; los fabricantes de drogas también ahorran mucho dinero. Un ensayo clínico que involucra a 1.000 candidatos en vez de 20 mil tomados de la población general puede incrementar las tasas de éxito y recortar el tiempo de desarrollo. “En el futuro”, dice un analista de biotecnología de Citigroup, “las compañías inteligentes podrán determinar por qué usted sí respondió a un tratamiento con una droga y por qué yo no”.
Dentro de las compañías farmacéuticas tradicionales, una de las más inteligentes es Pfizer. Esta gran potencia del sector de las drogas está probando dos componentes que podrían beneficiar a genotipos específicos: Sutent, para tumores gastrointestinales y cancer del riñón, y CP-751,871 para el cancer de la médula ósea. Las pruebas para determinar quién debe recibir estos medicamentos pueden provenir de Gen-Probe, una empresa líder en el campo nasciente del diagnóstico molecular. La companía ahora trabaja en un sistema de monitoreo de ADN para detectar los marcadores genéticos asociados con el cáncer de próstata.
Para las empresas farmacéuticas, la medicina personalizada puede significar grandes negocios, pero para el público general, las expectativas son mucho mayores. Después de todo, recibir una hamburguesa a nuestra
medida es muy bueno, pero tener drogas que curan enfermedades que amenazan nuestras vidas sería un triunfo extraordinario.
4 - El Fin del Carbono
Qué está pasando en General Electric? Primero, en mayo de 2005, el CEO Jeff Immelt anunció una nueva iniciativa corporativa denominada “Ecoimaginación”. Bajo este plan, la compañía invertiría mil quinientos millones de dólares anuales en 2010 (casi la mitad de su presupuesto de investigación actual) en la investigación y desarrollo de tecnologías limpias. También se comprometió a disminuir las propias emisiones de gases de GE en un 1% para 2012. (Se había detectado que habían aumentado en un 40%). Desde entonces, el conglomerado de $360 mil millones empezó a transmitir comerciales de TV de buenas intenciones protagonizados por un elefante que baila tap. En la primavera pasada, un ejecutivo de GE, en un testimonio en el senado norteamericano, le pidió al gobierno que impusiera límites obligatorios de las emisiones a la industria americana.
No es precisamente el mensaje que esperaríamos recibir de un gigante corporativo que ha sido conocido por los ambientalistas principalmente por sus descargas tóxicas de PCBs en el Río Hudson por más de tres décadas. Pero a medida que las evidencias apuntan a las emisiones de gases carbónicos como la causa del calentamiento global, las grandes compañías como General Electric, Exelon, BP o Toyota, se están dando cuenta que volverse verde es saludable para los negocios.
Las corporaciones norteamiericanas han mirado tradicionalmente los controles ambientales como una molestia costosa, no como la inspiración de sus planes de negocio. Y como lo admitió la empresa Immelt, ellos no són padres adoptivos de los árboles. Pero el foco en la reducción del carbono tiene un sentido estratégico en GE. Obviamente, la inversión en tecnologías limpias reporta dividendos en las relaciones públicas y en los rumores que alimentan el mercadeo: FedEx ha anunciado sus planes de recortar las emisiones mediante el uso de camiones de entrega híbridos, una movida que se ve muy bien desde la óptica de los consumidores.
Al igual que Toyota (con su tecnología de vehículos híbridos) y BP (con su programa de energía alternativa), GE está convencida de que hay un vasto mercado para otros productos ambientalmente inteligentes. Las iniciativas de GE incluyen planes para desarrollar tejas para el techo que funcionan como celdas solares y sistemas de purificación de agua que reducen los desechos municipales.
El mercado global está hambriento de tecnología verde. La mayoría de las multinacionales norteamericanas tienen negocios en Europa y Asia (regiones que han aceptado y empiezan a hace cumplir los límites en los gases de efecto invernadero impuestos por el Protocolo de Kyoto). Aún si los Estados Unidos nunca ratifican el riguroso tratado, los productos americanos muy pronto se verán compitiendo en mercados que estén dentro de un régimen de bajo carbono. GE ya está desarrollando turbinas de viento, turbinas de avión de baja emisión y locomotoras híbridas para clientes del otro lado del oceano.
Estas compañías también quieren anticiparse a las restricciones que puedan enfrentar eventualmente en Estados Unidos. “Existirá un futuro de restricciones en el carbono. Es prudente tomar medidas ahora para beneficiarse en el momento en que lleguen las regulaciones”, dice un vocero de Exelon. Esta firma de Chicago ha prometido reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (relativamente bajas en la actualidad) en un 8% en 2008. (Basado en sus niveles de 2001). Un ejecutivo de Exelon también urgió al Congreso de Estados Unidos para establecer controles inmediatos del carbono, como un sistema obligatorio de créditos ambientales negociables. Pero todavía cualquier acción legislativa, si la hay, vendrá gateando.
De todas maneras, una legislación desde arriba puede resultar innecesaria si las compañías inclinadas hacia lo verde continúan siendo estrellas en Wall Street y con sus clientes. Sin importar qué ocurre en el mercado accionario, los laboratorios de investigación están encendidos. El director de investigación global en GE dice que su grupo, dedicado a desarrollar plantas de generación eléctrica basadas en “carbón limpio”, está creciendo a un ritmo tal que no alcanza a contratar suficientes científicos para cubrir sus necesidades. “Es una gran oportunidad tecnológica y también es lo correcto que debemos hacer”, dice. “Nos encanta esto”
5 - Las compras inmediatas
La investigación y desarrollo en las corporaciones es como el entrenamiento físico: toma tiempo, energía y requiere compromiso, pero es absolutamente esencial para estar en forma y alerta. Pero mientras que los humanos pasan tiempo en el gimnasio para mantener la grasa bajo control , cada vez más y más compañías le están pagando a otros para que hagan el trabajo sudoroso.
Las corporaciones siempre están tratando de crecer: crean nuevos productos, desarrollan nuevas características, se espanden en nuevos mercados. Y la vieja escuela les indicaba que tenían que construir un departamento de Investigación y Desarrollo (I&D). Dele rienda suelta a las mentes creativas, dice la teoría, y con suerte retornarán con algo innovador. Pero la libertad de investigación es muy dura para los resultados financieros. Aún las más rudimentarias formas de I&D para el desarrollo de productos requieren personal dedicado y una gran cantidad de experimentación.
¿Por qué molestarse? ¿Por qué no simplemente comprar una compañía pequeña que ya empieza a ser exitosa en el nuevo mercado? Cisco lo hizo no hace mucho, adquiriendo 107 empresas en un periode de 12 años hasta llegar a convertirse en al más valiosa compañía de tecnología en el mundo. Este fabricante de equipos para redes continúa su táctica para ingresar a los nuevos mercados.
Para expandir su presencia en los hogares digitales de hoy, Cisco compró en casi $7 mil millones (dos veces su presupesto total de R&D) la empresa Scientific-Atlanta, fabricante de cajas de conexión para TV por cable.
Otras compañías también están recurriendo a sus billeteras. En 2005, News Corp. entró en el mercado de las redes sociales al adquirir MySpace por $580 millones. En 2006, compró el sitio de karaoke en línea kSolo.com y el compilador de noticias Newroo. EBay compró en $2 mil 600 millones el fénomeno de telefonía sobre IP, Skype. Pfizer compró en $2 mil millones (más de un cuarto de su presupuesto de I&D) la mayoría de la empresa de biotecnología Vicuron Pharmaceuticals, que posee dos drogas anti-infectantes en proceso de pruebas con la FDA (Food and Drug Administration). La empresa Salesforce.com adquirió a Sendia para hacer que sus aplicaciones de trabajo colaborativo funcionaran en los dispositivos de bolsillo.
Esta tendencia de compra en vez de I&D, se ha difundido mucho en el sector de la búsqueda en línea. Gracias a sus enormes ingresos por avisos, Google y Yahoo no tienen miedo en gastar en grande. Google adquirió a Dodgeball, Urchin Software y Upstartle, para ingresar en el mercado de las redes sociales móviles, del análisis de tráfico Web y del procesamiento de texto en línea, respectivamente. Por su parte, Yahoo se dedicó a devorar al estilo Pac-Man las empresas Konfabulator, Webjay, Upcoming.org, Flickr y del.icio.us. Ahora la empresa ofrece widgets (aplicaciones de interfaz), listas de canciones favoritas, rastreo de eventos y sitios de intercambio de de fotos y de marcadores de la web. Para no quedarse atrás, Microsoft extendió su dominio con la compra de 24 compañías, incluyendo a Onfolio, que desarrolló un sistema de marcadores de documentos en línea.
Las firmas pequeñas, mientras tanto, están alineándose en la lista de posibles compras. Anteriormente, el sueño de todo emprendedor de tecnología era realizar una oferta inicial de acciones, pero con el debilitamiento del mercado y la desinflada de la burbuja inversionista, el nuevo nombre del juego es “adquisiciones”. Muchas compañías parece que se crearan con la sola intención de ofrecerse en venta a Yahoo, Google o Microsoft. “Las estrellas están alineadas para los emprendedores”, dice el gerente de una de las empresas posibles blanco de compra. “Es un error empezar una compañía con el plan de vendérsela a Google o Yahoo. Dicho esto, tengo un gran respeto por ambas compañías y no descartaría ninguna opción”. ¿Entendido?
6 - La apertura total
Un día en 1995, Marc Benioff, entonces VP senior en Oracle, estaba examinando un sitio nuevo llamado Amazon.com. Cuando pulsó el botón “Comprar”, un pensamiento terrible lo golpeó: las aplicaciones en la web funcionaban en forma completamente opuesta a lo que Oracle hacía con su “bloatware” (software inflado de características y funciones). Esas aplicaciones ejecutaban las transacciones mediante una interface simple que estaba disponible a todo el mundo en Internet. Los estándares de la Web hacían que el cliente no tuviera que instalar, actualizar o mantener nada más que un navegador y una conección. Entendió entonces el poder de una plataforma de estándares abiertos.
Hoy en día, la apertura se ha convertido en un principio fundamental de los negocios, pero su valor no fue siempre bien entendido. En los años 70 y 80, los líderes como Oracle y Microsoft trataron de hacer que las tecnologías de las que eran propietarias se convirtieran en los estándares de la industria. Poseer el estandar convertía a la empresa en dominante y le permitía dictar la forma como sus clientes utilizaban los productos. Claro que había inconvenientes: luego de cada ciclo de producto, los clientes tenían que deshechar las viejas aplicaciones e instalar las nuevas y las compañías que vendían accesorios tenían que sufrir para mantenerse vigentes. Pero esas eran las reglas del juego.
Y llegó Internet, la apoteosis de los estándares abiertos. Repentinamente, las aplicaciones no tenían que ser escritas con su propia interface de usuario para poder funcionar en Windows, Mac OS o Unix. La ventana del navegador se convirtió en la interface por defecto de todas las cosas, desde el comercio hasta la administración de las redes; desde la negociación de la bolsa hasta el correo electrónico. Una vez instalada en el servidor del vendedor, las actualizaciones estaban disponibles inmediatamente. El ambiente abierto estimuló la competencia y generó mejoras continuamente.
Benioff esperó algunos años a que Internet madurara antes de hacer su jugada. En 1999, co-fundó Salesforce.com, la cual entrega el software de negocios a través de la ventana del navegador. La compañía salió a la bolsa en 2004 y recaudó $110 millones. Hoy las ventas están creciendo más del 50% anualmente y los grandes rivales como Oracle y SAP están imitando la estrategia de Benioff.
Alguna compañías están adoptando el modelo de software-como-servicio y llevándolo al siguiente nivel, mediante la publicación de las instrucciones que controlan ciertas operaciones internas. Por ejemplo, los desarrolladores pueden entrar en los servidores de Amazon.com o eBay para crear sus propios almacenes virtuales. Similarmente, se pueden mezclar los mapas de Google con las fotos de Flickr. Como resultado, estas compañías están volviéndose más que sitios Web. Son plataformas por derecho propio.
Mientras que los vendedores en línea abren sus servidores en busca de ganancias, los programadores han adoptado el estilo de licenciamiento de código abierto (open source) por razones más idealistas. Renunciar a la propiedad del código ha resultado en mejores y más baratas aplicaciones para todos y eso es buen negocio. Cuando sobrevino el colapso tecnológico de 2000 y las compañías empezaron a recortar sus presupuestos de tecnología de la información, IBM se salió del esquema tradicional y ofreció a sus clientes el sistema operativo gratuito Linux.
Pero los sistemas cerrados no son obsoletos… todavía. Aún mantienen el reinado en las consolas de juego y en los dispositivos de bolsillo. Las empresas de telecomunicación y de TV por cable parece que se mantienen en los modelos tradicionales de competencia. Comcast, que anticipa un brillante futuro como proveedor de servicios de internet de banda ancha, se opone a la legislación de neutralidad que evitaría que estas empresas le cobraran a sus usuarios tarifas adicionales por acceso prioritario a los servicios de Web.
Sin embargo, el poder de la apertura está impulsando la eficiencia y mejorando las utilidades a todo lo ancho del ecosistema de los negocios. Por ejemplo, Li & Fung, está sacando ventaja de las políticas de apertura comercial para conectar a las empresas globales con sus proveedores al otro lado del mundo. El camino a seguir es claro: empieza con una puerta abierta.
El diario de un perro
May 28, 2008
Descargar Reflexion el Diario de un Perro
1ª. semana. Hoy cumplí una semana de nacido. ¡Que alegría haber llegado a este mundo!!!
1ºmes. Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
2 meses. Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos, me dijo adiós, como esperando que mi nueva “familia humana” me cuidara tan bien como ella lo había hecho…
4 meses. He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como “hermanitos”. Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo los muerdo jugando.
5 meses. Hoy me regañaron, mi ama se molestó porque me hice ” pipí” adentro de la casa… pero nunca me habían dicho dónde debía hacerlo.
Además, duermo en el dormitorio y… ¡Ya no me aguantaba!!!
8 meses. Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido… Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho… Cuando están comiendo me convidan, el patio es para mi solito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos cuando esconden la comida. Pero nunca me educan, seguramente ha de estar bien todo lo que hago.
12 meses. Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto y mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Qué orgullosos se deben sentir de mí!!!
13 meses. Qué mal me sentí hoy… Mi “hermanito” me quitó la pelota. Como yo nunca agarro sus juguetes fui y se la quité. Pero como mis mandíbulas se han hecho muy fuertes lo lastimé sin querer. Después del susto me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy muy ingrato… no entiendo nada de lo que pasa.
15 meses. Ya nada es igual… vivo en la terraza… me siento muy solo… mi familia ya no me quiere. A veces hasta se olvidan que tengo hambre y sed y cuando llueve no tengo techo con que taparme…
16 meses. Hoy me bajaron de la terraza. Pensé que seguramente mi familia me había perdonado… Me puse tan contento que daba saltos de gusto y mi cola parece un molinete. Hasta parece que me van a llevar con ellos de paseo. Subimos al auto, enfilamos hacia la ruta y anduvimos un largo trecho hasta que de repente pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro “día de campo”. No comprendo porqué cerraron la puerta y se fueron… “¡Oigan, esperen!!!” - ladré… “se olvidan de mi…!!!” Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas… mi angustia crecía al darme cuenta que casi me desvanecía y ellos no se detendrían: Me habían abandonado…
17 meses. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido, en mi sendero hay gente de buen corazón que me vé con tristeza y me dá algo de comer… Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma… quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero tan sólo dicen “pobre perrito”, se debe haber perdido.
18 meses. El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis “viejos hermanitos”. Me acerqué y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó piedras “para ver quién tenía mejor puntería”… una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo bien .
19 meses. Parece mentira, cuando estaba más bonito se querían … Ahora estoy muy flaco, mi aspecto ha cambiado… perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra…
20 meses. Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo, me encontraba en un lugar seguro llamado “cuneta”, pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado… pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba al costado del camino… Llevo ya 10 días bajo el sol, la lluvia y el frío, sin comer. No me puedo mover, el dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: “No te acerques”. Ya casi estoy inconsciente, pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. “Pobre perrito, mira como te han dejado”, decía… junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: “Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir.”
A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole que me ayudara a descansar… Sólo sentí un pinchazo y me dormí para siempre, pensando en porqué tuve que nacer si nadie me quería…

